La Calcografía, una galería de arte y taller de grabado en el corazón de la Sierra Norte de Guadalajara

Matilde Gómez Osuna trabaja desde hace varios años en el arte del grabado. Esta artista tardía, pero vocacional y apasionada por su trabajo, finalizó sus estudios de Bellas Artes en el año 2014. Posteriormente abrió una galería de arte dedicada al grabado en la ciudad de Salamanca. Cansada de la vida en la ciudad, adoptó la arriesgada decisión de emprender su “híbrido entre galería de arte y taller de grabado” en un pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara. Santamera, pedanía de Riofrío del Llano, tiene apenas 15 habitantes, pero sus puestas de sol, el rio salado, la cercana presencia del pantano de El Atance, el vuelo majestuoso de las rapaces, y su curiosa historia, dividido en dos barrios, aún la fascinan.

Matilde conoció Santamera hace ya treinta años. “Mi hermana pasó por aquí por casualidad, haciendo una ruta en bici, y se enamoró del sitio. Quedó tan impresionada que, a la semana siguiente, vine con ella y nos compramos una casa sin ni siquiera verla por dentro”, comenta la artista. Cuando pensó en trasladar al pueblo su negocio, “vecinos y responsables políticos me ofrecieron todo su apoyo y me animaron a solicitar las ayudas que ADEL ofrece a aquellas personas que apuestan emprender en la zona”, continúa. Su proyecto ha recibido una subvención del Grupo de Acción Local, por importe de 41.213,90 euros y el apoyo del Ayuntamiento de Riofrío.

Artísticamente, los grabados se consideran originales múltiples. Son ejemplares seriados de una misma obra, realizados con una sola plancha. Su autor los firma individualmente, y, por lo tanto, no son reproducciones de una obra sino obras individuales.

El tórculo es el elemento básico de cualquier taller de grabado. Consiste en una prensa formada por una pletina de hierro, dos rodillos y muelles que aprietan la matriz, la plancha impregnada de tinta, contra el papel humedecido. Cuando termina el proceso, queda “grabado”. En su taller, Matilde cuenta con varias máquinas de grabado -incluidos dos tórculos- antiguas y modernas.

Cada grabado parte del trabajo del artista. La obra original, es decir, la base del grabado, puede ser un dibujo, una foto, un archivo digital o, en general, cualquier formato. Matilde convierte esa obra en un fotopolímero, y con él, prensa el grabado. En otros casos, los artistas trabajan directamente sobre las planchas, que pueden ser de diferentes materiales, de manera que el resultado no se hace realmente visible hasta que se trata la plancha y se realiza la impresión final.

La cantidad de reproducciones que se efectúan de cada obra vienen estipuladas por el artista. Finalizada la serie, las planchas se destruyen o se guardan, pero con el compromiso de no volver a usarlas. “Incluso hay artistas que enmarcan las propias planchas”, señala Matilde.

El grabado es una técnica que precisa de conocimientos precisos y de una gran experiencia sobre los productos químicos que se utilizan. Durante su estancia en la ciudad de Salamanca, Matilde trabajó en colaboración con el Instituto de Artes Plásticas de la Universidad de Salamanca. En aquel periodo, estudió nuevas formas de estampar los grabados. Posteriormente, impartió cursos sobre el resultado de sus investigaciones. A esos cursos, además de artistas, llegaron a asistir profesores de universidad y catedráticos, y algunas de esas técnicas ya forman parte del temario impartido por la Facultad de Bellas Artes de la institución salmantina.

Aunque los conocimientos principales sobre la calcografía se adquieren del estudio, buena parte procede de la investigación, de las técnicas y de los productos químicos que se emplean. Existen barnices industriales para grabados, pero la artista y artesana prefiere utilizar mezclas de fabricación propia fruto de sus años de experiencia. Con el fruto de su trabajo, va ampliando sus técnicas, y poniéndolas a disposición de sus alumnos.

Matilde trabaja las ediciones de grabado de dos maneras diferentes, bien haciendo ediciones para otros artistas, de modo que ellos corren con los gastos de la edición y después se llevan toda la obra, o bien siendo ella la editora, es decir, propone al artista que realice una plancha, ella corre con los gastos de la edición y, una vez impresos los ejemplares estipulados, parte de los grabados se los queda el artista y el resto Matilde, para venderlos en su galería de Santamera.

La colección de Matilde consta, hasta el momento, de 16 ediciones de series diferentes que ella misma expone y distribuye, tanto en su galería, de manera presencial, como a través de su página web, https://www.lacalcografia.com. Cualquiera que visite Santamera puede verlos y adquirirlos, y completar así, con arte, la degustación de la deliciosa visita al lugar.

Además de la impresión y la exposición de grabados, Matilde continúa impartiendo cursos de formación. Su taller tiene capacidad para acoger a catorce personas, aunque dada la situación de pandemia actual, el número máximo de alumnos que admite es de cinco.

“Cuando los artistas vienen a trabajar a Santamera encuentran una tranquilidad que les inspira”, afirma Matilde, cuya idea es que quien acuda a trabajar o a aprender una técnica al Taller de Calcografía, tenga tiempo para procesar su obra y para disfrutar. Además, si el curso o el trabajo de creación dura dos o tres días también se incentiva la estancia y el consumo en otros negocios de la zona”, asegura. Con el tiempo, su idea es recuperar algunas construcciones y que los visitantes también puedan alojarse en el pueblo, en una futura casa u hotel rural inspirada en los antiguos palomares, construcción típica del lugar.

“La Calcografía” abrió sus puertas el pasado mes de noviembre, en una situación difícil por la pandemia pero, a pesar de las dificultades, Matilde sigue trabajando con ilusión, rodeada de la majestuosidad de un lugar singular, “que ya nunca abandonaré”. “Son proyectos como éste son los que dinamizan nuestra comarca, devuelven la vida a nuestros pueblos, fomentan la cultura y el arte, y permiten el desarrollo profesional cualificado”, valora María Jesús Merino, presidenta de ADEL Sierra Norte.

 

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